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El terrible vicio de la impuntualidad 14 de Julio del 2008

Escrito por SodLogan en: Casposidad, Golfas, Protestas, Reflexiones, Ver para creer , 4 comentarios

No sé si alguna vez he hablado de la puntualidad. Yo, por lo general, soy puntual. Muy puntual, de hecho. La primera vez que quedo con alguien estoy clavado en el lugar y a la hora acordados. Para las sucesivas, ya aprendo y calculo —aun así con un amplio margen por defecto— el retraso.

Aunque ya he medio dejado ese género, tengo que decir que son siempre las mujeres, con mucho, las que abusan de la puntualidad y la buena fe de los demás. Durante este año, he quedado varias veces con la gente de mi clase para ir a comer, cenar y otro orden de actos sociales. Todas (o, al menos, la mayoría de) las veces, era una pava la que llegaba cosa de media hora tarde, con picos de más de una hora. Algo totalmente de locos.

Acabando los exámenes, decidimos quedar para cenar e irnos “de fiesta”. Tras acordar sitio y hora, hice la siguiente advertencia:

Ahora que estamos todos, os aviso: yo a los quince minutos me voy con quien haya llegado y esté dispuesto a venirse donde sea, y, si no, me voy a mi casa, pero no pienso estar esperando una hora como un gilipollas a que os planchéis el pelo.

Mano de santo. Llegaron todas con una razonable puntualidad.

La pasada semana era el cumpleaños de una chavala de mi clase. Ante tal acontecimiento, quedamos unos pocos para ir a comer. Decidimos ir a un sitio más bien cutre, nada ostentoso, apto para bolsillos impecunes. Faltaba una, que, casualmente, el 90% de las veces acaba dejándonos tirados. Al pasar media hora, y pues habíamos quedado en el propio bar, insistí vivamente en que pidiéramos nosotros, ya que había desayunado a una hora temprana y, además, no me parecía cuerdo esperar a una persona que, sin avisar de su tardanza, se retrasaba, por el momento, más de media hora.

Ante mi insistencia, empezaron a darle toques. Finalmente, la muy se dignó a llamar: que estaba con su novio haciendo ciertos quehaceres y que acababan de terminar, que entre que se duchaba, venía y tal se iba a hacer muy tarde; que no venía, vamos, un nuevo plantón para la lista. Yo, con mordaz y agresivo gesto vencedor, dándoles a entender de esta molesta forma que, finalmente, yo tenía razón, me abalancé a la carta y pedí mi comida.

Moraleja de la primera historia: el que llega tarde es porque no se propone llegar puntualmente.

Moraleja de la segunda historia: el que espera al que se retrasa y no avisa es gilipollas.

Valor 10 de Julio del 2008

Escrito por SodLogan en: Reflexiones , escribe tu comentario

Hombres de Atenas, no hay tiempo para la exhortación; pero, para los valientes, lo mismo dan unas pocas palabras que muchas.

Pericles

El cuento de los extranjeros y el anciano 5 de Julio del 2008

Escrito por SodLogan en: Reflexiones , 2 comentarios

Grandísima historia que encontré en un foro. Un poco retocada en cuanto a puntuación. Que la disfruten:

Una vez, a un lejano pueblo de Oriente, llegó un extranjero. Los lugareños, que se hallaban entretenidos en sus charlas sobre la buena marcha de sus cosechas, vieron cómo se acercaba el extranjero:

— Buen día, viajero —dijo el anciano más sabio de los allí reunidos, alzando la voz para llamar su atención.
— Buen día, anciano… Estoy algo cansado del viaje y busco alojamiento.
— Bien, bien… ¿de dónde vienes?
— De un sitio fantástico… estoy algo apenado por haber dejado a mi familia y mis amigos. Es un sitio lleno de buenas personas —comentó con aire de tristeza el forastero.
— Bueno… pues has llegado al sitio indicado. Aquí reina la misma paz y alegría que en tus tierras. Sé bienvenido y disfruta de nuestro hogar.

A los pocos días, volvían a reunirse los lugareños tras su trabajo en el campo. Y apareció un nuevo forastero. Éste se acercó a ellos y les saludó:

— Buenos días. Soy nuevo en esta tierra.
— Buenos días ––saludó el mismo anciano— ¿De dónde vienes, viajero?
— Vengo de una tierra muy lejana. La he dejado para encontrar otra forma de vida. Allí de donde vengo sólo hay gente mala. Tuve problemas con mi familia y la gente que me rodea sólo piensa en hacer daño a otras personas ––comentó dolido el viajero.
- Bueno… creo que has venido al sitio equivocado —repuso el anciano—. Aquí la gente es exactamente igual.

El viajero, sorprendido, se alejó del lugar algo cabizbajo. Quizás pensando en seguir su marcha, buscando un mejor lugar. Los demás lugareños, contrariados, preguntaron al anciano:

— Pero anciano… ¿por qué le ha dicho eso? ¡Le ha alejado de nuestras tierras!

A lo que el sabio contestó:

— Los sentimientos de una persona no están en el mundo… sino dentro de su cabeza… Allá donde vaya encontrará siempre lo mismo.

El ligón de negro 25 de Junio del 2008

Escrito por SodLogan en: Frikadas , 10 comentarios

La de hoy es una columna con poca chicha, o con bastante, dependiendo de la curiosidad del lector por mí. El sábado pasado me dirigía a una iglesia donde se iba a celebrar un concierto del coro de la universidad, en el que yo canto. Cantata BWV 147 de Bach y Gloria de Vivaldi, por si interesa a alguien.

Yo iba vestido para la ocasión: camisa, zapatos, corbata y traje. Como además hacía un sol del copón, iba con mis gafas de sol Ray-Ban adquiridas recientemente (no confundir con las de las noches legendarias). La citada iglesia se encuentra en una zona bastante céntrica de Sevilla, sitio ideal para todas las personas-lapa que intentan que apadrines un niño por la obvia afluencia masiva de gentes, con especial interés en guiris que no hablan español a los que es fácil engañar.

Al pasar al lado de uno de estos grupúsculos, compuesto por personas jóvenes vestidas de negro y pintadas de blanco, noté cómo, a pesar de haberlos dejado atrás en pro de mi arribada al concierto, dos de estas personas me igualaron en veloz paso, me dieron un panfletito y, sin apenas haber podido observar que eran dos chicas, se fueron entre risitas. Leí y releí el panfleto. No recuerdo de qué era, pero no encontré ni el teléfono ni el messenger de las muchachas.

Y ahora, el premio por haber leído esta sosez. Por primera vez, una foto mía, por si alguien la había estado esperando. Ésta es la pinta que tenía aquel día de implacable sol, vestido de Men in Black, o CQC:

(more…)

I noche legendaria 15 de Junio del 2008

Escrito por SodLogan en: Ver para creer , 5 comentarios

Ya está pasando la época de exámenes. Al menos a mí sólo me queda uno para el que ni tengo que estudiar, así que ya me considero de vacaciones. Sin embargo, para esto ha habido una angustiosa serie de días de exámenes y, por tanto, de copiar estudiar. Antes de que empezara esta horrible época, tuvimos a bien mis amigos y yo pasar una noche inolvidable: la I noche legendaria.

Acordamos el vestuario: camisa y gafas de aviador de las que dieron con el Diario de Sevilla unas semanas antes. Así atuendados, nos dirigimos a la famosa Rebotica. Una vez allí, empezamos a beber absenta y otra serie de chupitos de asquerosas mezclas y aún peor sabor. Cuando estas sustancias empezaron a hacer mella en nuestra razón, nos pusimos las gafas y comenzamos a conocer gente.

No se sabe por qué, pero todas las tías que se encontraban en el diminuto bar se acercaban a hablar con nosotros para hacerse fotos, algunas —mucho— más obscenas que otras. En esto que llegaron una serie de americanas, casi todas gordas y poco apetecibles. La única que estaba potable tuvo el siguiente diálogo con uno de mis amigos:

—Eres muy guapo… :D

—¿Tienes novio o qué?

—… :? sí… ése… :?

—A chuparla.

Yo le presté mis gafas a una de las rumiantes. Cuando me di cuenta de que habían desaparecido, empecé a interrogar a cada una de las gordas hasta que tuvimos que recurrir a la intimidación (toda ella en inglés) para recuperarlas:

You have to give back my sunglasses or we shall have a very big problem in here!!

Después de esto, decidimos irnos de allí. La más gorda de todas, por lo visto, le pidió el móvil al susodicho, a lo que éste, en un rápido acto de inteligencia, le dijo: “sí, ahora te lo da él”, pasándole el muerto a otro amigo. Se lo dio y nos fuimos a perrear un poco.

Por el camino hasta el infecto antro, mi amigo, en un momento de inspiración sin precedentes, le escribió el siguiente SMS a la gorda:

If you want a bukkake, tell us in 10 minutes.

Al poco tiempo obtuvimos respuesta, aunque ya no recuerdo exactamente cuál. Proseguimos hasta el antro y, una vez que entramos allí, reconocimos a una pava a la que en otra ocasión mi amigo “el ligón” ya había tratado de depredar. Yo estaba también rondando por allí y, a los pocos minutos, mis dos amigos se salieron fuera a tomar el aire debido a la indisposición que les produjo el alcohol. Yo permanecí allí y empecé a darle conversación a la chavala. Entre mi cogorza y la suya propia, mantuvimos una conversación que, a día de hoy, yo diría que no tenía sentido, aunque tampoco soy capaz de ponerla en pie. Llegado el momento, la tía se me quedó mirando fijamente a los ojos (o yo a ella), a lo que siguió el que no empezara el “juego” de ver quién mantiene más tiempo la mirada.

Aunque borracho, no pude ver más el cielo abierto. A cada segundo que pasaba iba acercándome más a su cara, mientras seguía la competición de ver quién aguantaba más. Viendo que la susodicha no apartaba la suya, cada vez me envalentonaba más. Cuando fuera a pasar lo que tenía que pasar, me tocó el hombre algún capullo que parecía estar en el grupito. No sé qué coño me diría, ni lo que yo a él, pero desde luego me cortó el rollo por su tono más que obviamente hostil. A mí en aquel momento ni se me ocurrió que podría ser el novio o algún buitre que estaba antes que yo y al que hábilmente le había quitado la presa. En cualquier caso, ya no proseguí con la impecable seducción y seguí hablando con la muchacha de forma menos ofensiva.

Al rato me llamaron al móvil mis amigos. No sé por qué ni cómo lo hizo, pero contestó al móvil esta mujer, haciéndose pasar por mí. Cuando terminó, me dijo que mis amigos querían que saliera, que uno estaba “to chungo”. Yo, con gran pesar, me despedí y me salí. Al momento salió también ella, ya que tenía las gafas del chungo. Fue honrada y quería devolverlas. A la luz de las farolas, mi otro amigo, viendo que la chavala tenía bastante provecho, y sin mediar más palabra, le hizo la siguiente pregunta:

Illa, ¿tú tienes messenger?

Obviamente le dijo que no. Nos despedimos y nos fuimos. Así acabó aquella noche. Pronto el desenlace de la historia del bukkake y la II noche legendaria, ocurrida este mismo viernes.

La cabeza siempre alta 14 de Junio del 2008

Escrito por SodLogan en: Literatura , 2 comentarios

… y mientras los restantes animales miran al suelo, Prometeo le dio al hombre un rostro a lo alto, y le ordenó mirar al cielo y levantar su rostro erguido en dirección a las estrellas.

Publio Ovidio Nasón (Las metamorfosis)